Querido
diario, quizás sea raro o extraño pero todo lo que siento en mi pecho cuando
voy al instituto es real. Unas mariposas me sacuden el estomago al ver a esa
persona cruzarse conmigo. Eso es lo que ayer me paso. Nadie se dio cuenta de
que realmente había ido por ese camino para cruzarme a esa persona. Al pasar
por delante mía sentí un aire fresco que me dio en la cara y ese olor a perfume
que todavía tengo en mi nariz y que nunca quiero que se vaya. Es precioso saber
que aunque esa persona no sepas que existes, puedes verla durante 5 días a la
semana. Eso me reconforta, me tranquiliza. Todavía no puedo dar el paso a
decirle ni siquiera una palabra. Los nervios invaden mi estomago. Alguna vez
quiero acercarme y decirle que soy yo quien le añora todas las noches. Y que
sus ojos, su sonrisa, su actitud, su forma de ser es algo que me enamora.
Quizás sea cobarde al escribir esto por aquí y no sea capaz de decírselo a la
cara pero es difícil cuando te gusta tanto una persona. Así he pasado el día
sin poder sacarme a esa persona de la cabeza. Estoy deseando que sea mañana
para poder ver esos ojos y esa sonrisa que me roba el corazón.

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